domingo, 13 de diciembre de 2009

Cambio 5 estrellas por 10 años menos.


En los últimos años he estado en Inglaterra, en Escocia, en Francia, en Italia, en Alemania, en Croacia, en Estados Unidos y hasta en Indonesia.
Creo que no hay nada que disfrute más en la vida que viajar, aparte del amor cuando empieza.
He viajado en primera clase, en compañías low cost, en coche, en autobús, en tren, haciendo escalas interminables en países remotos. He dormido en hoteles de lujo, en villas balinesas, en residencias de estudiantes, en cabañitas en islas desiertas, en hostales modernos y en casas de amigos.
Sin embargo, hay un viaje realmente modesto del que tengo un recuerdo muy especial.

El destino era un pueblo gallego a pocos kilómetros de mi ciudad de origen, el medio de transporte un autobús traqueteante y el presupuesto, lo justo para pagar el botellón y el cámping. El alojamiento, una tienda de campaña sin toldo.
La escapada iba a durar un fin de semana, pero finalmente la prolongamos durante días.

El número previsto de asistentes se redujo de 10 a 3. Aun así no desistimos en marcharnos.
Pronto descubriríamos que 3 es un número mágico a la hora de atraer amistades, aventuras y nuevas experiencias.
El viaje nos dejó exhaustas, sin un duro, con la piel achicharrada de dormir en la playa, con nuevos amigos y un recuerdo que permanece intacto 10 años después.
Todavía hoy nos reímos hasta que nos duele el estómago rememorando lo que vivimos entonces.
Y es que el entusiasmo de los 20 años no se paga con dinero.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Nada que añadir.

jueves, 29 de octubre de 2009

Cosmopolitismo de barrio

foto: mianmaro

Aquí transcribo dos conversaciones con sendos chinos que regentan tiendas de alimentación en mi barrio:

¿Compro pan? ¿Lo habrá comprado ya Chico Cortocircuito?
-¿Vino mi novio?
-Sí, vino. Don Simón, muy rico, tú beber, muy rico -dice con el tetra brick en la mano-. Vino.
-No, digo que -gesticulando y levantando la voz- si vino mi novio, el chico que viene siempre conmigo, a comprar pan.
-Pan, sí, muy rico -ofreciéndome la barra-, tú comer pan, muy bueno.
-¡! … dame media barra…

………………................................................................................

-¿Tienes manzanilla?
-Sí, manzanilla, ahí manzanilla.
-¿Dónde?
-Señalándome un bote de mayonesa: Aquí, manzanilla.
-No, eso es mayonesa.
-¿? Cara de póker-
-No, yo quiero man-za-ni-lla. Infusión. Caliente
-Igual.
-Se me enciende una lucecita: ¡Té! ¿El té es chino no? ¡Tiene que conocerlo!
-Nada.
-Té. Hago el gesto de meter la infusión en la taza. Caliente. Infusión.
-¿?


Va a ser verdad eso de que los idiomas hay que estudiarlos desde pequeño…

viernes, 16 de octubre de 2009

Estos ejecutivos...

Hay un pequeño teatro, y una chica menuda y frágil que susurra intimidades, guitarra en mano, sobre un escenario.
En primera fila se sientan los patrocinadores del evento.

Ellos son los que pagan y no dejan de demostrarlo: sacando sus blackberrys, chocando sus copas, subiendo el tono de voz por encima del de la cantante y haciendo comentarios machistas. Algunos muestran un sospechoso bamboleo de mandíbulas. Todos parecen estar muy satisfechos consigo mismos.

Cuando soy espectadora de cosas así, me reafirmo en mi idea de que jamás podría ser una mujer de negocios.

lunes, 12 de octubre de 2009

Feliz no cumpleaños

A menudo me siento como Alicia en la merienda de no cumpleaños.
Suelen ser fiestas a las que no quería ser invitada, situaciones delirantes en las que me veo inmiscuida sin comerlo ni beberlo.
Menos mal que para esos casos siempre llevo encima la galleta de hacerme grande.


jueves, 1 de octubre de 2009

De hombres y gustos

Cuando era adolescente, me gustaban los hombres guapos.
Ahora, me gustan los hombres atractivos.

La belleza pasa. El estilo permanece.

La belleza, si no tiene alma, es como un envase bonito que está vacío.
Esto tardé muchos años en descubrirlo.

A veces sabes si alguien vale la pena sólo por su mirada, o su forma de caminar.

Los hombres no suelen apreciar estos matices. Al menos no al principio.
O está buena, o no lo está.
Eso dicen mis amigos y Chico Cortocircuito.

Menos mal que nosotras somos más listas que ellos.














miércoles, 30 de septiembre de 2009

Diez guilty pleasures

Foto: Rosey Sugar

-Llamar a mi perro con todo tipo de diminutivos cariñosos, a cual más ridículo.
-Chaparme el catálogo de Ikea página por página y maquinar redecoraciones.
-Escuchar Kiss Fm cuando Radio3 se pone aburrido.
-Leer Millenium, el best seller de moda, en lugar de la colección de novelas de Anagrama que estoy haciendo y que me cuesta un ojo de la cara.
-Pagar con la VISA algo que no necesito… una vez más.
-Leer el Cuore en la peluquería.
-Cotillear fotos en facebook.
-Ver pelis de “domingo después de comer “, el domingo después de comer. En pijama.
-Seguir los cambios de peso de las celebrities.

martes, 29 de septiembre de 2009

5.000 como tú

Foto: Gettyimages

Hasta una pesimista como yo reconocería que que 5.000 visitas no están nada mal para un blog que empezó con vocación anónima.
El secreto de la autoría se va diluyendo, pero mira: que me quiten lo bailao. Es lo que tiene hacerse mayor. Que empiezas a preocuparte menos por lo que piensen los demás. Algo bueno tenían que traer los veintiúltimos, ¿no?

Con amor, gracias.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Las chicas de la West Coast.


Hace tiempo que sigo las andanzas de ese grupo de pobres niñas ricas, carne de titulares y persecuciones, que conforman las celebérrimas Parises, Britneys, Mischas, Kirstens, Nicoles, Lindasys y demás.


Son estas las únicas celebrities que me interesan, pues el cutrerío del papel couché nacional, con sus famosuchos de tercera, su chabacanería infinita y su absoluta falta de glamour me provoca un profundo aburrimiento, cuando no otra cosa.


Pero las aventuras y desventuras de estas niñas son dignas de una novela de Tolstoi: cuando una está saliendo del psiquiátrico, a la otra la meten en la cárcel, mientras una tercera es detenida por posesión de drogas o fotografiada rapándose la cabeza. Sus continuas meteduras de pata, escándalos y truculentas historias hacen que se me antojen divertidas, conmovedoras, cercanas.


A estas niñas se las quiere como a la oveja descarriada, como a esa amiga del instituto que siempre daba la nota, como a la reina del baile que acabó destronada.


Britney fue la niña mimada del marketing musical, icono erótico, ídolo de masas, reina de las listas de éxitos. Pero ni toda su belleza, ni su poder, ni su dinero impidieron que se enamorara del macarra de la clase. El que la engañó, le jodió la vida y le puso encima 15 kilos, 2 niños y una lista de transtornos psicológicos que haría las delicias del más reputado psiquiatra.


Kirsten tiene una belleza angelical, estilo, talento, papeles en películas de prestigio, amigos indies y ex novios cool. Sin embargo también tiene ficha en una clínica de desintoxicación, una nevera donde sólo hay cerveza y mucha soledad en su apartamento de diseño del Soho.


Y qué decir de Paris, heredera desheredada, rubia hasta las últimas consecuencias, personaje de sí misma. Quizás sea por la que siento menos empatía... aún así, que tu novio te grabe mientras te acuestas con él y luego lo cuelgue en Internet es una verdadera putada. Por muy Hilton que te apellides y por mucha pasta que tengas.


Y es que, detrás de todos los escándalos de las chicas de la West Coast y de tanta frivolidad, yo encuentro un mensaje muy humano: que la vida no es fácil para nadie, ni siquiera para quien lo tiene todo.


jueves, 3 de septiembre de 2009

Algo divertido

... para síndromes post vacacionales tan agudos como el mío, a veces una sonrisa es la mejor terapia.
He aparcado mi ego durante un maravilloso mes de ocio y sólo cosas así y algo de química me alivian el pesar de volver a Madrid y a la rutina.
Ahora se trata de superar el reencuentro con mi quejumbroso, abandonado y hambriento ego.

Que lo disfrutéis.
Es tontipop de toda la vida. Pero mola.



domingo, 26 de julio de 2009

El luchador



Esta mañana me desperté con la imagen de Randy en mi cabeza. Randy crucificado, lleno de llagas, cubierto de vendas, exalando el último suspiro de gloria, golpeado por la vida, desoladoramente solo, suplicando cariño. Randy hinchado, desfigurado, con las raíces sin teñir, con cicatrices en el cuerpo y en el alma. 


Ahora, cambiemos Randy por Mickey Rourke en el texto anterior.  Funciona igual, ¿verdad?  


Esta es la mejor prueba de que el director Darren Aronofski le regaló al malogrado actor un personaje hecho a su medida. Un personaje con el que redimirse, la última oportunidad para un hombre que se convirtió en la sombra de lo que era, abocado a la autodestrucción. Y se lo regaló en el momento preciso, cuando estaba en el mismísimo borde del abismo, cuando ya nadie se acordaba de él. 


Hollywood entrona y destruye ídolos. Tal vez el mundo de la lucha libre es, en El luchador, una metáfora del star system. Y su protagonista la otra cara del que fuera icono sexual, del que trabajara con Scorsese, del que era aclamado por multitudes, del que fue expulsado del paraíso sin piedad.


Las buenas películas son aquellas que te hacen olvidarte de todo lo que te rodea  para introducirte en una historia tan real, tan conmovedora, tan magistralmente interpretada, que se queda colgada en tu memoria para siempre. Por eso Randy me despertó esta mañana, con sus heridas abiertas y su mirada de perdedor. Porque Randy ya forma parte de mi mundo interior. Inolvidable. 


El luchador retrata sin piedad, sin concesiones, la otra cara del sueño americano, en forma de estrellas olvidadas, strippers maduras, empleados de supermercados,  campamentos de caravanas y soledad. Infinita soledad.


La película se cierra con un Bruce Springsteen en estado de gracia cantando a todos esos fracasados de vidas tan malogradas como la de Randy, de los que jamás escucharemos su historia.


Sean Penn le quitó su anhelado Óscar redentor a Mickey, pero a cambio se llevó un merecedísimo Globo de Oro.


Vean El luchador

martes, 21 de julio de 2009

Lo que de verdad importa




El verano pasado estuve en San Fins, una romería multitudinaria que se celebra en el pueblo de mis padres.

Después de tantos años fuera de casa, tuve la sensación de volver a pertenecer a un determinado lugar, a una determinada gente, aunque sólo fuese durante unos minutos. Fue muy entrañable y divertido.

Allí, entre el verdor más exuberante, efluvios de vino y rituales centenarios, se alza la pequeña capilla que cobija al santo.

Una anciana vende velitas para que los fieles y no tan fieles le hagan su petición a San Fins. Yo no soy religiosa, pero sí supersticiosa, y me atrae el folclore. Así que le compré una vela a la señora. Le pedí al santo que mi madre viviese 40 años más, pues la sola idea de separarme de ella me resulta demasiado insoportable.


Entonces, mi madre me confesó que, cuando yo era una adolescente, le hizo una petición muy especial a San Fins para mí.

Podría haberle pedido cualquier cosa: un novio, dinero, éxito...


Pero no le pidió nada de eso.

Lo que mi madre le pidió al santo es que nunca me faltaran las amigas. Y es que mi madre sabe cuáles son las cosas que de verdad importan.


Desde entonces, allí donde he ido, nunca me han faltado compañeras de aventuras y desventuras. 

Tengo la buena suerte o el buen criterio de rodearme de grandes personas. 

He aprendido a seleccionar a mis amigas:  son honestas, luchadoras, auténticas, buenas conversadoras, divertidas. 

A algunas las veo todas las semanas, a otras muy de cuando en cuando. A veces, incluso, nos abandonamos por temporadas. 

Unas son muy afines a mí, otras algo menos. 

Pero sé que puedo contar con ellas, y ellas saben que pueden contar conmigo. Eso es lo que de verdad importa. Mi madre lo sabe, ellas lo saben, yo lo sé.


Por eso hoy quiero darles las gracias a todas ellas, por hacer de mi vida un lugar mucho más habitable, divertido y acogedor.


Gracias, niñas.

Gracias, mamá.

Gracias, San Fins.

lunes, 13 de julio de 2009

Paris: In memorian




Hoy ha ocurrido algo muy especial en mi barrio, Malasaña. Algo que me ha devuelto la esperanza en el ser humano.
Reconozco que, de un tiempo a esta parte, pienso que la gran mayoría de la gente es un asco.
Sin embargo, parece que todavía puede haber un poco de luz en la oscuridad de la gran ciudad y el egoísmo de la vida moderna.

 Tener un animal doméstico abre a los propietarios una nueva y desconocida dimensión social: el fascinante mundo perruno, con las amistades y amores de los canes, sus juegos, su carácter; y por extensión el de sus propietarios. De alguna forma, se crean lazos entre los dueños de los perritos. 

Malasaña es punto de encuentro de perros.

Paris era amiga de mi perro. Era un animalito inocente y bello, una cachorrita de Carlino de pocos meses, arrebatadoramente simpática. Un ser vivo con toda una vida feliz por delante, que desapareció de forma cruel y violenta hace unas semanas, bajo las ruedas de un coche cabrón.

Yo lloré sinceramente por Paris, porque sí, porque la quería. Porque era inocente, alegre y buena sin fisuras, como lo son todos los perritos. Como no lo son la mayoría de los humanos.

Entonces sucedió el milagro: en el madrileño barrio de Malasaña se organizó una colecta subterránea para regalar un cachorrito al dueño de Paris. De forma desinteresada, los vecinos fueron haciendo su aportación para darle una bonita sorpresa y un poco de ilusión al chico, desolado. Y la iniciativa funcionó. La gente puso dinero de su bolsillo, olvidó sus problemas y egoísmos cotidianos para contribuír a hacer feliz a una persona a la que sólo conocían de vista.

Y el milagro tomó forma hoy en brazos de su agradecido dueño: un precioso cahorrito de bulldog francés, negro y de ojos tiernos, que todavía no tiene nombre.
Desde hoy, es un poco el perro de todos.
Para mí, un motivo más para sonreír.


p.d. Otro motivo para sonreír: ya somos
4.000 los que pasamos por aquí. :)

jueves, 9 de julio de 2009

Uno de esos días...

Hay días en los que me siento exactamente así. Todo me da igual.


martes, 30 de junio de 2009

Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó para sí misma





Impagable declaración de La Agrado, travesti de buen corazón que nos conquistó en Todo sobre mi madre. Una verdad como un templo que encierra una manera muy particular de ver la vida, que es también la mía.

Siempre me ha fascinado la capacidad de sacrificio e irreductible fuerza de voluntad de esos hombres que dedican hasta su último aliento a convertirse en mujeres. Esas niñas que nacen encerradas en el cuerpo de un niño y que sufren interminables dolores y renuncias para llegar a ser lo que soñaron para sí mismas. Es asombroso cómo algunas logran vencer a la naturaleza y se convierten en mujeres esculturales de curvas perfectas. Creo que es una clara muestra del poder de la voluntad humana. Quizás la más evidente y rotunda.

Yo pienso que una debería parecerse a lo que deseó para sí misma. La vida no tiene sentido si no tienes un proyecto por el que luchar. Me gusta la gente peleona, que persigue sus sueños, inasequible al desaliento. Como los travestis de la calle Fuencarral, que pasean orgullosos el espectacular resultado de su particular batalla vencida.

Bravo.

Norman Mailer dijo que a las rubias de verdad se las reconoce porque son teñidas: son rubias de corazón y de espíritu, quieren ser rubias hasta el final, con todas sus consecuencias. Pueden llegar a ser más auténticas que las rubias naturales.


Por eso hoy quiero deciros a todos:

Felicidades a lo que eres, no a lo que fuiste.



p.d. Siento haber tardado tanto en actualizar. Ando ocupada con asuntos muy poco líricos, como reformas y decoraciones. Prometo ser más buena.

martes, 19 de mayo de 2009

Sí, otro mundo es posible.

Adoro vivir en el centro, y no puedo imaginar mi vida en otro lugar. Me encanta poder ir caminando a trabajar, el bullicio, los escaparates y el festival de personajes.

Pero
vivir en el centro también tiene sus desventajas.
Como los chavalitos de
Greenpeace y ACNUR que, cada día, me persiguen con sus reivindicaciones y sus carpetas llenas de solicitudes de socio y formularios de ingreso de un dinero que no me sobra.
Cada día al pasar por
Preciados sufro su persecución y me zafo como puedo de sus ansias antiglobalización y su espíritu perroflaútico y buenrollista.
Día tras día, durante meses, me asaltan con su sonrisa solidaria, su mirada inquisitiva y sus carpetas azules y verdes. Día tras día se interponen en mi camino robándome mi preciado tiempo.
Amablamente, con infinita paciencia, día tras día, reciben mi negativa con una sonrisa. Entonces reaccionan como si yo fuera
una sanguinaria asesina de focas o una dictadora que ordena guerras.
Si hay algo que no soporto es que me pidan algo de forma agresiva, como si estuviera en la obligación o les debiera algo. ¿Pedir exigiendo? Pero,
¿de qué van?

Pero es que
lo de ayer ya fue la gota que colmó el vaso.
Son las 20 h. de la tarde, acabo de salir cansada de trabajar, para colmo es lunes.
Comienza
la inexorable persecución (tercera del día). Intento rehuír de un chavalito joven con pinta de pringao que corre (sí, corre) a mi lado y me increpa, achacándome todos los males del mundo. Esta vez no me contengo:

-Tooodos los días paso por aquí.

-¿Y? (contesta, suspicaz, el pro-todo).

-Que tooodos los días me acosáis.

-¡¿Te acosamos?!

-Sí.

-¡Perdona, Miss España!

-(…)

Eso es lo que pasa cuando te saltas las clases de lengua española para fumar hierba en el recreo escapando de la opresión capitalista. Que, además de no aprender a tener la más minima educación, tampoco aprendes las diferentes acepciones de las palabras.
Y claro, acabas dedicándote a asaltar a los viandantes con tu supuesta superioridad moral… por un sueldo ridículo.

Sí, otro mundo es posible. Un mundo en el que no te acosen por la calle con fines comerciales.



acosar.


(Del ant. cosso, carrera).

1. tr. Perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona.

2. tr. Hacer correr al caballo.

3. tr. Perseguir, apremiar, importunar a alguien con molestias o requerimientos.



acoso.

1. m. Acción y efecto de acosar.

2. m. Taurom. Acosamiento a caballo, en campo abierto, de una res vacuna, generalmente como preliminar de un derribo y tienta.

~ sexual.

1. m. Der. El que tiene por objeto obtener los favores sexuales de una persona cuando quien lo realiza se halla en posición de superioridad respecto de quien lo sufre.

jueves, 7 de mayo de 2009

La Bien Querida: hasta el más cínico puede apreciar la belleza de las cosas simples.



El título de este post pertenece a la canción Adoro a las pijas de mi ciudad de La Costa Brava. Un irónico tributo a las niñas bien de Oviedo que bailan sevillanas y conducen coches de tres millones. Una canción deliciosa.
Quise respetar la frase original, pero deberíamos matizar el título cambiando
simples por sencillas, que no es lo mismo.

Salvando las distancias, La Bien Querida tiene en común con Fran Nixon la franqueza de sus letras, el gusto por las melodías y el ensalzamiento de lo cotidiano.

Romancero de La Bien Querida es el disco de pop sentimental perfecto, como lo es Un soplo en el corazón de Family.
Doce canciones sencillas y hermosas capaces de emocionar como una tarde de confesiones íntimas con tu mejor amiga.
Doce canciones pop, suaves como una caricia, que a ratos recuerdan a Los Planetas en su vena más folk y a ratos al Sr. Chinarro más luminoso. Ambos están detrás del proyecto, se discute si sólo como apoyo moral o como algo más. A mí me da igual, la verdad.

Pero lo que más me gusta de La Bien Querida es la historia que está detrás del lanzamiento de su primer disco. La historia de una chica que aprende a tocar cuatro acordes de guitarra, que escribe en su casa letras que claramente son el fruto de un desengaño amoroso, que dice cosas tan sencillas y rotundas como “
tengo miedo de que en un descuido me rompas de un golpe el corazón ” o “qué poca vergüenza decir que me querías”. Una chica que contacta con un productor que se enamora de sus canciones y que finalmente se enamora de ella. Así que su disco le sirve para redimirse y reconstruír su corazón herido, y es a la vez el fruto de sus penas y sus alegrías.
Una de esas casualidades maravillosas de la vida, que parece sacada de un guión endulzado de Guillermo Arriaga. Cómo encontrar el amor escribiendo sobre el desamor… interesante.

Ana Fernández Villaverde es también pintora, y curiosamente, autora de una portada de Extremoduro. A tenor de esto diré que yo he sido súper fan de ellos y creo que tienen letras llenas de sentimientos. A la gente le sorprende porque no me pega nada, supongo que me ven demasiado naïf para seguir a unos macarras que hablan de tener el mono y de presidiarios. Sin embargo yo creo que la sensibilidad tiene muchas formas y estoy abierta a todas ellas.
Pues bien, La Bien Querida dijo en una entrevista que Robe Iniesta le parece un poeta.
A mí también. Así que sólo con esa declaración me tiene conquistada.

Larga vida a La Bien Querida. Bienvenida a mi mundo interior.

Podéis escucharla en su myspace.

lunes, 4 de mayo de 2009

Andy y yo

Andy Warhol dijo que no hay nada más embarazoso que ver cómo alguien limpia tu suciedad.
Como buenos neuróticos que somos, a Andy y a mí nos pone de los nervios tener a una chica trabajando en casa. Su presencia nos despierta una mezcla de culpabilidad y pudor insufrible.

La suciedad es la muestra más brutal de que somos animales vertebrados, que dejan su asquerosa huella por donde pasan. La suciedad es un asunto muy íntimo y cuando es contemplada por otros te pone en evidencia.

Además limpiar la mierda de los otros nos parece un trabajo indigno y humillante, y nos sentimos los verdugos que empujan a la víctima a semejante actividad.

Por mucho que te autoconvenzas de que simplemente es un trabajo, por el que estás pagando, no puedes evitar sentir la espinita cada vez que la muchacha se dirige a ti trapo en mano.
La mujer que viene a mi casa lo hace cuando estoy trabajando, así que apenas tengo encuentros con ella. Tampoco es un prodigio de eficiencia, y no le pago nada mal.

Sin embargo cada vez que me llama por teléfono me entran los sudores fríos y apenas puedo balbucear un “gracias, sí… como quieras, gracias… lo siento, gracias, gracias…” para colgar arrebatadamente.

Cuando tengo que comunicarle alguna petición o queja del tipo “hace cuatro meses que no pasas el polvo por la estantería, sería demasiada molestia, por favor, que le pasaras un trapillo, si no te ofende” estoy horas comiéndome el coco y ensayando la forma más amable de decirlo, escribiendo minuciosamente un discurso mental y hablando sola para comprobar que no suena déspota. Cuando la llamo todo el ensayo se me va al traste, me atropello y comienzo con una retaíla de “espero que no te moleste, estamos muy contentos, no quiero incomodarte…” sin sentido que terminan con un abrupto y atropellado “¿podrías limpiar el polvo?”. Lo paso fatal, la verdad.
Yo creo que la chica debe pensar que estoy mal de la cabeza. No le falta razón, por otra parte.



p.d. Hay unos perritos en mi barrio, dos pinscher enanos que siempre van juntos, que se llaman Andy y Warhol. ¿Cómo no se me ocurrió a mí?

martes, 28 de abril de 2009

3000 visitas... y parece que fue ayer


Parece que fue ayer cuando me decidí a hacer algo con mi vida. O a dar un pequeño paso para empezar a hacer algo.

En el sector publicitario,
hacer algo es una expresión recurrente que alude a la satisfacción de la creatividad a nivel personal, lejos de agencias, exigencias comerciales y clientes.
Es una expresión algo vaga, también, que denota el anhelo de escapar de la rutina y la decepción con la profesión; pero que al mismo tiempo no se dice con mucho convencimiento… una ambición perezosa, si es que puede existir tal cosa.

Rondan por las agencias leyendas y mitos sobre aquellos que lograron escapar de las fauces del marketing y dedicar su vida a ser guionista, al diseño delicatessen, a publicar novelas o a poner un negocio original. Son esos héroes a los que se admira y se envidia en secreto. Los que consiguieron lo que parecía inalcanzable:

El Gran Salto hacia la Gloria.

Ellos simplemente lo hicieron.

El mejor ejemplo es
Frédéric Beigbeder, creativo brillante que fue fulminantemente despedido de Young&Rubicam tras la publicación de su corrosiva novela 13,99 euros, que pone en evidencia todos lo vicios, los pecados y el vacío de la profesión. Un éxito de libro. La venganza definitiva, vaya. La mayoría de los creativos somos incapaces de reconocerlo y preferimos decir que el libro es una mierda o que parece que lo escribió un adolescente. Pues mire, a mí me gustó.

En esta línea, creo que
escribir este blog es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Empecé sin muchas esperanzas, en secreto, publicando las entradas con los ojos entornados, a trompicones; lo suficientemente rápido como para no arrepentirme después. Con muy poca fé y muy poco criterio, sin tener ni idea de lo que estaba haciendo y con bastante miedo. Después empecé a ver que la cosa se ponía en marcha, olvidé mis prejuicios y temores y empecé a escribir lo que me daba la gana en cada momento. Y lo mejor: a disfrutar con ello.

Hoy, saber que hay gente que me sigue, leer vuestros comentarios cariñosos o enterarme de que un antiguo amigo de la facultad ha llegado hasta aquí por casualidad me llena de ilusión.
Este blog es mi primer paso Chispas hacia ese anhelado
hacer algo con mi vida. Un tímido acercamiento, pero un acercamiento al fin y al cabo. Un pequeño ritual que me llena de ánimo.

La Chica Cortocircuito ha superado la barrera de las 3.000 visitas.
Es mucho más, mucho mejor de lo que podría haber imaginado.
Muchas gracias a todos por vuestro tiempo y vuestro interés.
Significa mucho para mí.
Gracias. De corazón.

viernes, 24 de abril de 2009

City Girl

No lo puedo evitar: soy un animal de ciudad. Tengo fantasías recurrentes con bucólicos veraneos en el campo, pero a los cuatro días en el pueblo ya estoy que me subo por las paredes. El asfalto es mi territorio.

Además, soy una gran observadora, mis ojos devoran a todo aquél que se me cruza.
La combinación de estas dos características de mi personalidad convierten mis paseos por Madrid en un auténtico festival de percepciones. Me encanta fijarme en la gente de la calle, imaginar cómo serán sus vidas y sus más oscuros secretos. Me divierte infinito.
Si algo le sobra a Madrid es gente, así que mi hambre de observación se ve saciada con creces.

Aquí un esbozo del tipo de pensamientos que me asaltan en el trayecto casa-trabajo un día cualquiera:

-Ésa se está divorciando.
-Acaba de llegar a la ciudad.
-Está con él por la pasta.
-Yo diría que se quieren de verdad.
-Parece un verdadero encanto, me gustaría ser su amiga.
-Anda metido en malos rollo, fijo.
-El pobre está muy sólo desde que murió su mujer, y sus hijos quieren enviarle a una residencia.
-Vive sola con cuatro gatos en una buhardilla empapelada con mariposas y muebles de forja.
-El de la perilla es un artista frustrado.
-La señorona del visón es de la que piden que se lo corten fino en la charcutería.
-Todavía no ha salido del armario.
-Está arruinado y no lo quiere reconocer.
-Todo lo que tiene se lo merece.
-Es un bellezón, y lo sabe.
-El del traje se tiene en alta estima a sí mismo.
-Odia a todo el mundo.
-Le gustaría ser otra persona.
-Quiere ser la más guapa de la fiesta.
-Ésa siempre es la más guapa de la fiesta.
-Sin duda viene de una sauna después de cuatro días de fiesta.
-No se habla con su hermana.
-¿A que está liado con su secretaria?
-Va de compras para curar su ansiedad.
-Parece buena gente.
-Es comercial y está desesperado.
-Le pone los cuernos.
-Parece feliz, ¿cómo lo hará?
-Tiene toda la pinta de haber sido el pardillo de la clase, y ahora se venga a golpe de gimnasio.
-Trabaja en una revista de moda... pero le pagan 600 euros al mes.
-Aquél ya no sabe qué hacer para ser diferente.
-Vive obsesionada con su ex.

miércoles, 15 de abril de 2009

París


París es la ciudad de la belleza. Hablamos de la belleza absoluta, en un sentido casi metafísico. La belleza de Kant y de Platón. La belleza que no entiende de modas y no tiene fecha de caducidad. La verdadera belleza.

París es un lugar evocador, que provoca sensaciones encontradas. El visitante sensible oscilará entre un leve síndrome de Stendhal, la felicidad y una extraña melancolía.
Más de una vez sentí cómo se me humedecían los ojos ante la grandeza de lo que me rodeaba, invadiéndome cierta sensación de pérdida por lo no vivido. Me imaginé siendo una estudiante de La Sorbona, paseando por Le Marais; cosas todas ellas que ya no corresponden a mi edad, y que seguramente ya no podré realizar.

A ese tipo de sensación me refiero. Almódovar dice que este sentimiento de pérdida le acompaña en todos sus viajes, supongo que somos los dos un poco adictos a la malegría, como la llama Manu Chao.


París ostenta una belleza tan eterna, tan rotunda, que nos hace sentirnos insignificantes, como hormiguitas que están de paso en este mundo. Es un wow! continuo, y te sientes afortunado por poder participar de ello, aunque sea como turista. De ahí la felicidad.


Los parisinos son naturalmente elegantes, sin estridencias, con esa presencia magnética de las personas que se sienten bien en su propia piel. Debe ser la ciudad con más bolsos de Louis Vuitton y zapatos de Jimmy Choo por metro cuadrado. Pero no se trata de eso. Es algo que está en el aire, en las jovencitas con zapatillas y foulards, en el caminar de los viadantes, en los repartidores de pan en bicicleta y en las altivas señoronas.


En París te pueden ocurrir cosas como asomarte al Sena y encontrarte al mismísimo Kaiser de la moda en plena sesión de fotos para Fendi, colarte en un club súper exclusivo o comerte un pastel de pétalos de rosa en un salón de té versallesco.

París es así.

París es maravilloso.

martes, 7 de abril de 2009

Joder, qué estilazo.


Mañana me voy a París ... ¡oh la la!
Mientras, os dejo con el blog de una
chica de la Rive Gauche que me ha dejado boquiabierta.
Eso
es estilo.

Por lo que veo, me queda mucho por aprender de las parisinas. Intentaré tomar nota de todo lo que pueda e inspirarme en sus looks.
Claro que cuando a una le toca arreglarse en diez minutos para ir corriendo a la agencia, la inspiración se queda en el fondo del cajón de los calcetines desparejados.


Me despido antes de empezar a divagar.
A la vuelta os informo.
Buen viaje si os váis.

Besos,

María Antonieta

lunes, 6 de abril de 2009

10 Cosas que me habría gustado que me contaran sobre el mundo laboral


Cuando empecé a trabajar no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar, y estaba profundamente equivocada respecto a lo que en realidad es el mundo de la comunicación y la vida profesional en general.
Aunque todavía me queda mucho por aprender, he aquí diez consejos para los polluelos que se asoman por primera vez al abismo del crudo mundo laboral.
No son mejores ni peores que otros, pero sí son los que a mí me habría gustado que me dieran hace unos añitos. Sin duda me habrían ahorrado muchas decepciones y disgustos.


1. Lo primero:
cree en ti, cree en ti y cree en ti. No lo olvides jamás. Nadie va a dar un duro por ti y tú tienes que ser tu mejor representante.

2. Es imposible
caerle bien a todo el mundo. Cuanto antes lo aceptes, menos sufrirás.

3. De igual manera, siempre habrá gente con la que tú no tengas
feeling. Disimula. Lo justito.

4. Hay un
punto intermedio entre ser pusilánime y ser arrogante. Yo todavía lo estoy buscando. En mi opinión, puestos a pecar, mejor que sea de lo segundo. De lo contrario te tomarán por tonto o tonta. Y eso es lo peor que te puede pasar.

5. Como dijo
Madonna, puedes conseguir lo que te propongas si lo deseas con la suficiente fuerza. Yo me lo creo, siempre he sido muy americana en ese sentido. Estoy en ello, todavía.

6.
Hay dos tipos de personas: las que valen la pena y las que no. Confía en tu instinto. Acércate a las primeras y aléjate de las segundas.

7. Intenta que no te afecten demasiado
las críticas. Siempre estarás expuesto a ellas y siempre habrá gente que querrá hacerte daño. Lo importante es que no lo consigan. Recuerda: cree en ti.

8.
No existen los adultos como tal. Una oficina no es tan distinta de un patio de colegio. Las neuras y traumas de cada uno pueden provocar las situaciones más absurdas y menos profesionales del mundo.

9. No pasa nada si te equivocas. Todo el mundo mete la pata.
Aprende de tus errores.


10. Y por último, pero no por ello menos importante:
es sólo un trabajo. La vida es otra cosa.

jueves, 2 de abril de 2009

Carta a una adolescente


Porque yo también fui

Las mechas rubias
Y los modelitos imposibles.

Los kilos
Y las dudas.

Los cientos de conocidos
Y los pocos amigos.

Las discotecas
Y los portales.

La madrugada
Y la condición errante.

Sólo quería decirte que después de la marea
Te encontrarás contigo misma, al final.

Sin despedirte nunca del todo de esa yo que eres ahora.

Y serás mucho más feliz
y te aburrirás un poco más.

martes, 10 de marzo de 2009

¿Y si cambio de idea sobre ti?


Mire usted: yo, como Astrud, cambio de idea.
Hace unos meses dediqué un post a poner a Vestusta Morla por las nubes.
Teniendo en cuenta que fue una semana de fiebre pasajera y que sus canciones hace tiempo que me aburren, estuve dándole vueltas al tema.
Y como me encanta llevar la contraria, qué mejor momento que ahora, cuando se hinchan a recoger premios, para rectificar.

Me lo dijo el otro día uno de mis pocos lectores confesos (mi contador sube como la espuma, pero sigo sin tener la menor idea de quién me lee):
“Yo escucho una canción antigua de Los Planetas y me suena tan fresca como hace diez años. Al principio me entusiasmé con Vetusta, pero ahora no me dicen nada”.
Así que a él le dedico este post. Tiene razón.

No están mal Vetusta Morla, y me alegro por su éxito, pero tampoco son para tanto. Indudablemente tienen canciones dignas, pero me cuesta ubicarles entre una versión cañí de Radiohead y los nuevos Amaral. Eso me despista, y en cuestiones musicales prefiero lo rotundo.

Eso sí, mientras le quiten discos de platino a Bustamantes y Cantos del loco, bienvenidos sean. En cuanto a mí, prefiero dedicar mi tiempo a redescubrir a The Flaming Lips y The Go-betweens.


Hay que reconocer sin embargo que el vídeo de Un día en el mundo es una maravilla. Qué precisión.
Seguro que desde que lo editaron hordas de fans rondan por la plaza de Santo Domingo, jiji.

Más que amor, lo mío con Vetusta fue un espejismo pasajero, de esos que duran una semana. Lo recuerdas con cariño, pero con el tiempo te das cuenta de que estabas equivocada.


jueves, 5 de marzo de 2009

El Ranchito


Hay una tienda en mi barrio que me tiene fascinada.
Su escaparate es indescriptible: un auténtico ranchito.
Por si no lo sabéis, ranchito es una expresión sudamericana que se usa para designar una chapuza demencial, un cutrerío atroz, algo
tan feo y desordenado que en realidad resulta divertido.
Me encanta porque es una de esas palabras que suenan exactamente como lo que quieren decir. Haced la prueba: ran-chi-to. Sólo de decirla me sonrío.

Y eso es lo que me pasa cada vez que paso por delante de ese escaparate, que me parto de risa.
Básicamente lo que tiene de original es que vende ropa de mercadillo a precios desorbitados.
Pero no cualquier ropa de mercadillo. Piezas cuidadosamente escogidas por una mente enferma. El nivel de horterez es insuperable.
Una profusión de encajes sintéticos, volantes de terciopelo, estampados imposibles y pedrerías de plástico que harían palidecer a la mismísima
Imelda Marcos.

Hasta ahí todo bien, pues cada cual tiene derecho a ponerse y a vender lo que quiera. Lo bueno llega a la hora de leer la cifra que marca la etiqueta.
Esta señora es una visionaria, ha creado un nuevo concepto en la economía: la
SuperHiperMegaInflación.
Los precios no bajan de los 150 euros para una ¿blusa? de ganchillo con incrustaciones de plástico o los ¡300! para las prendas estrella, como un espantoso vestido de lentejuelas con pinta de haber sido donado por la beneficiencia.
Para mejorar el conjunto, añade un ejército de querubines dorados, hadas de resina descascarilladas, campanitas de Navidad oxidadas, lazos roídos y un sinfín de objetos sin sentido a la decoración.
Hay un detalle que me gusta especialmente: un envoltorio viejo de unas medias de Balenciaga. No contiene nada, pero lo importante es que pone:
"Balenciaga. París".
Está estratégicamente expuesto en una esquina para darle más glamour a la cosa. El cartón está amarillento y el plástico arrugado.

Un auténtico ranchito, y aún diría más: el ranchito por definición.
Me encanta.

Para no herir sensibilidades, a esta peculiar boutique la llamaremos "El loro". Es un nombre ficticio, pero os aseguro que se parece bastante al original.
Pues bien, lo mejor de El loro es que no es sólo una tienda de ropa. Es también un gimnasio. Como lo oyes.
A un lado hay unas escaleras que bajan a un centro deportivo que prefiero no imaginar, y en el otro la boutique.
Todo ello coronado por un logotipo tipo clip art que representa el animalito en cuestión.
Una gozada.

El caso es que pasan los años, y el
comercio resiste.
¿Será que verdaderamente la señora ha conseguido convencer a algún incauto de que lo que vende es lo último en diseño? ¿El local es un alquiler de renta antigua y el negocio un pasatiempo de una jubilada con complejo de Coco Chanel? ¿Es una tapadera para un negocio ilegal?

Es uno de esos
misterios de la humanidad sin respuesta.
Por mi parte espero que no desaparezca nunca. Siempre espero ansiosa el cambio de escaparate y la llegada de la nueva temporada.