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sábado, 12 de septiembre de 2009

Las chicas de la West Coast.


Hace tiempo que sigo las andanzas de ese grupo de pobres niñas ricas, carne de titulares y persecuciones, que conforman las celebérrimas Parises, Britneys, Mischas, Kirstens, Nicoles, Lindasys y demás.


Son estas las únicas celebrities que me interesan, pues el cutrerío del papel couché nacional, con sus famosuchos de tercera, su chabacanería infinita y su absoluta falta de glamour me provoca un profundo aburrimiento, cuando no otra cosa.


Pero las aventuras y desventuras de estas niñas son dignas de una novela de Tolstoi: cuando una está saliendo del psiquiátrico, a la otra la meten en la cárcel, mientras una tercera es detenida por posesión de drogas o fotografiada rapándose la cabeza. Sus continuas meteduras de pata, escándalos y truculentas historias hacen que se me antojen divertidas, conmovedoras, cercanas.


A estas niñas se las quiere como a la oveja descarriada, como a esa amiga del instituto que siempre daba la nota, como a la reina del baile que acabó destronada.


Britney fue la niña mimada del marketing musical, icono erótico, ídolo de masas, reina de las listas de éxitos. Pero ni toda su belleza, ni su poder, ni su dinero impidieron que se enamorara del macarra de la clase. El que la engañó, le jodió la vida y le puso encima 15 kilos, 2 niños y una lista de transtornos psicológicos que haría las delicias del más reputado psiquiatra.


Kirsten tiene una belleza angelical, estilo, talento, papeles en películas de prestigio, amigos indies y ex novios cool. Sin embargo también tiene ficha en una clínica de desintoxicación, una nevera donde sólo hay cerveza y mucha soledad en su apartamento de diseño del Soho.


Y qué decir de Paris, heredera desheredada, rubia hasta las últimas consecuencias, personaje de sí misma. Quizás sea por la que siento menos empatía... aún así, que tu novio te grabe mientras te acuestas con él y luego lo cuelgue en Internet es una verdadera putada. Por muy Hilton que te apellides y por mucha pasta que tengas.


Y es que, detrás de todos los escándalos de las chicas de la West Coast y de tanta frivolidad, yo encuentro un mensaje muy humano: que la vida no es fácil para nadie, ni siquiera para quien lo tiene todo.


lunes, 13 de julio de 2009

Paris: In memorian




Hoy ha ocurrido algo muy especial en mi barrio, Malasaña. Algo que me ha devuelto la esperanza en el ser humano.
Reconozco que, de un tiempo a esta parte, pienso que la gran mayoría de la gente es un asco.
Sin embargo, parece que todavía puede haber un poco de luz en la oscuridad de la gran ciudad y el egoísmo de la vida moderna.

 Tener un animal doméstico abre a los propietarios una nueva y desconocida dimensión social: el fascinante mundo perruno, con las amistades y amores de los canes, sus juegos, su carácter; y por extensión el de sus propietarios. De alguna forma, se crean lazos entre los dueños de los perritos. 

Malasaña es punto de encuentro de perros.

Paris era amiga de mi perro. Era un animalito inocente y bello, una cachorrita de Carlino de pocos meses, arrebatadoramente simpática. Un ser vivo con toda una vida feliz por delante, que desapareció de forma cruel y violenta hace unas semanas, bajo las ruedas de un coche cabrón.

Yo lloré sinceramente por Paris, porque sí, porque la quería. Porque era inocente, alegre y buena sin fisuras, como lo son todos los perritos. Como no lo son la mayoría de los humanos.

Entonces sucedió el milagro: en el madrileño barrio de Malasaña se organizó una colecta subterránea para regalar un cachorrito al dueño de Paris. De forma desinteresada, los vecinos fueron haciendo su aportación para darle una bonita sorpresa y un poco de ilusión al chico, desolado. Y la iniciativa funcionó. La gente puso dinero de su bolsillo, olvidó sus problemas y egoísmos cotidianos para contribuír a hacer feliz a una persona a la que sólo conocían de vista.

Y el milagro tomó forma hoy en brazos de su agradecido dueño: un precioso cahorrito de bulldog francés, negro y de ojos tiernos, que todavía no tiene nombre.
Desde hoy, es un poco el perro de todos.
Para mí, un motivo más para sonreír.


p.d. Otro motivo para sonreír: ya somos
4.000 los que pasamos por aquí. :)