Es el comienzo de una canción de Christina Rosenvinge, y también una frase muy significativa para mí. Supongo que para todos, si nos paramos a pensarlo un segundo.
Hay gente que pasa por tu vida y que en algún momento te parece indispensable.
Después cambias tú, cambian ellos, suceden cosas y esta gente se evapora y pasa a engrosar la lista de personas que te son indiferentes (la mayoría, en realidad).
Es extraño cuando echas la vista atrás y recuerdas lo importantes que fueron para ti, es como si se hubieran quedado colgados en tu memoria, a pesar de que te los cruzes por la calle y apenas os saludéis. Entonces sientes que hay dos versiones de esa misma persona: la pasada y la presente. Y no tienen nada que ver.
Pero a lo que íbamos.
Después cambias tú, cambian ellos, suceden cosas y esta gente se evapora y pasa a engrosar la lista de personas que te son indiferentes (la mayoría, en realidad).
Es extraño cuando echas la vista atrás y recuerdas lo importantes que fueron para ti, es como si se hubieran quedado colgados en tu memoria, a pesar de que te los cruzes por la calle y apenas os saludéis. Entonces sientes que hay dos versiones de esa misma persona: la pasada y la presente. Y no tienen nada que ver.
Pero a lo que íbamos.
Hace tiempo descubrí, con esta amiga, una frase en un fanzine sin pretensiones que nos fascinó a las dos:
La vida debería ser como un videoclip, debería ser estética.
La misma vida que nos separó y nos hizo ir a cada una por su lado.
Pues bien, si yo pudiese elegir, mi vida sería como este videoclip:
