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jueves, 29 de octubre de 2009

Cosmopolitismo de barrio

foto: mianmaro

Aquí transcribo dos conversaciones con sendos chinos que regentan tiendas de alimentación en mi barrio:

¿Compro pan? ¿Lo habrá comprado ya Chico Cortocircuito?
-¿Vino mi novio?
-Sí, vino. Don Simón, muy rico, tú beber, muy rico -dice con el tetra brick en la mano-. Vino.
-No, digo que -gesticulando y levantando la voz- si vino mi novio, el chico que viene siempre conmigo, a comprar pan.
-Pan, sí, muy rico -ofreciéndome la barra-, tú comer pan, muy bueno.
-¡! … dame media barra…

………………................................................................................

-¿Tienes manzanilla?
-Sí, manzanilla, ahí manzanilla.
-¿Dónde?
-Señalándome un bote de mayonesa: Aquí, manzanilla.
-No, eso es mayonesa.
-¿? Cara de póker-
-No, yo quiero man-za-ni-lla. Infusión. Caliente
-Igual.
-Se me enciende una lucecita: ¡Té! ¿El té es chino no? ¡Tiene que conocerlo!
-Nada.
-Té. Hago el gesto de meter la infusión en la taza. Caliente. Infusión.
-¿?


Va a ser verdad eso de que los idiomas hay que estudiarlos desde pequeño…

viernes, 24 de abril de 2009

City Girl

No lo puedo evitar: soy un animal de ciudad. Tengo fantasías recurrentes con bucólicos veraneos en el campo, pero a los cuatro días en el pueblo ya estoy que me subo por las paredes. El asfalto es mi territorio.

Además, soy una gran observadora, mis ojos devoran a todo aquél que se me cruza.
La combinación de estas dos características de mi personalidad convierten mis paseos por Madrid en un auténtico festival de percepciones. Me encanta fijarme en la gente de la calle, imaginar cómo serán sus vidas y sus más oscuros secretos. Me divierte infinito.
Si algo le sobra a Madrid es gente, así que mi hambre de observación se ve saciada con creces.

Aquí un esbozo del tipo de pensamientos que me asaltan en el trayecto casa-trabajo un día cualquiera:

-Ésa se está divorciando.
-Acaba de llegar a la ciudad.
-Está con él por la pasta.
-Yo diría que se quieren de verdad.
-Parece un verdadero encanto, me gustaría ser su amiga.
-Anda metido en malos rollo, fijo.
-El pobre está muy sólo desde que murió su mujer, y sus hijos quieren enviarle a una residencia.
-Vive sola con cuatro gatos en una buhardilla empapelada con mariposas y muebles de forja.
-El de la perilla es un artista frustrado.
-La señorona del visón es de la que piden que se lo corten fino en la charcutería.
-Todavía no ha salido del armario.
-Está arruinado y no lo quiere reconocer.
-Todo lo que tiene se lo merece.
-Es un bellezón, y lo sabe.
-El del traje se tiene en alta estima a sí mismo.
-Odia a todo el mundo.
-Le gustaría ser otra persona.
-Quiere ser la más guapa de la fiesta.
-Ésa siempre es la más guapa de la fiesta.
-Sin duda viene de una sauna después de cuatro días de fiesta.
-No se habla con su hermana.
-¿A que está liado con su secretaria?
-Va de compras para curar su ansiedad.
-Parece buena gente.
-Es comercial y está desesperado.
-Le pone los cuernos.
-Parece feliz, ¿cómo lo hará?
-Tiene toda la pinta de haber sido el pardillo de la clase, y ahora se venga a golpe de gimnasio.
-Trabaja en una revista de moda... pero le pagan 600 euros al mes.
-Aquél ya no sabe qué hacer para ser diferente.
-Vive obsesionada con su ex.

miércoles, 21 de enero de 2009

Por la mañana


En mi mundo
Alicia coge la línea multicolor dirección Conejo Blanco
Patricia Arquette huye del hotel con un maletín lleno de billetes
Tony Soprano cabecea en el coche y masculla un piropo soez al verme pasar
Mis ex se reúnen con carácter urgente porque me estoy olvidando de ellos
Mi desaparecida abuela me regaña por cruzar en plan kamikaze.

En el mundo de los otros
El señor que se sienta a mi lado huele mal
Una mujer con bigote me mira con desprecio
El vagón traquetea inestable y taciturno
Los desconocidos resoplan malhumorados
El rebaño del que formo parte se dispone a producir para otros.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Pontejos

Resulta curioso observar cómo un lugar que es el templo a la feminidad absoluta está gobernado exclusivamente por hombres. Quizás, y pecando de ese machismo jocoso de Umbral (que adoraba a las mujeres), es la ley del gallo en el gallinero.
Es asombroso el derroche de colores, formas, tamaños y materiales que pueblan las sólidas estanterías de madera. El control absoluto de los dependientes sobre miles de minúsculas piececitas de plástico, nácar, metal, tela, strass… a precios tan diminutos como su tamaño.
Tienen, estos hombres, un estricto inventario mental que les lleva a ubicar el botón de marras en su cajoncito exacto. Saben en qué botecito de cristal duerme cada abalorio, cada cremallera, cada adorno. Y así hasta el infinito.

Esta mercería huele a matriarcado, a secretos de costura que pasan de generación en generación, a sabiduría femenina y a abuelas que acuden con sus nietas de abriguito de terciopelo granate con botones forrados.
Los objetos esperan ansiosos, destinados a metamorfosear y embellecer las prendas de las compradoras.
Es, en definitiva, el lugar donde me gustaría pasar las tardes de Invierno si no trabajase en una agencia de publicidad.